Monday, November 28, 2011

Lidia Falcón en la Facultad de Filosofía

Asisto a una conferencia de Lidia Falcón en la Universidad de Barcelona con motivo de las Jornadas de Filosofía Política que anualmente allí se celebran. Estamos ante una mujer sobradamente conocida, con una larguísima trayectoria de lucha sin descanso por sus convicciones profundamente feministas. La recuerdo de sus combativos años 80, de alguna aparición televisiva en la que mostraba toda su crudeza e incluso su intransigencia ante la más mínima muestra de machismo. Recuerdo haber pensado íntimamente sobre su obvia radicalidad, sin haberla censurado del todo, pero estableciendo una barrera frente a su discurso, pues temía por su parte, por parte de las feministas radicales, un giro de la tortilla, un simple cambio de papeles en el universo de la discriminación de género. Temía que las feministas terminaran por asumir o mimetizar los nefastos roles del machismo imperante en una suerte de versión feminista que obligase al nacimiento de un hasta ahora innecesario "masculinismo", y es que siempre me preocupó que las mujeres inmersas en la lucha feminista asumieran actitudes propias de aquellos a los que denunciaban.

Estaba innecesariamente preocupado y obviamente confundido. Mis preocupaciones o reservas respecto al feminismo más radical bebían de un estado de las cosas, de una sociedad que se ha creído el rollo de la emancipación de la mujer, como si en 30 años hubiésemos superado siglos, milenios de oprobio, cuando resulta que las cosas, en ciertos aspectos fundamentales, están empeorando. Así, con los años, aparentemente alejado del discurso feminista, he ido suavizando mis prevenciones defensivas hasta casi anularlas y ahora pienso que hace falta ser muy radical o andar en la Luna de Valencia, ajeno a la realidad, para posicionarse contra el mensaje de fondo defendido por mujeres como Lidia Falcón. Curiosamente, hoy en día, Lidia Falcón me parece moderada y así la vi, moderada a pesar de algunas salidas controvertidas, y aún diría más, algo desencantada, algo pesimista, incluso algo derrotada en sus gestos y miradas, aunque en absoluto en sus palabras, que es lo que importa aquí. Todo esto es un decir pues, insisto, me temo que tan solo se trata de una moderación aparente del tono y no del discurso. La Lidia Falcón que he visto en la Facultad de Filosofía ha barnizado con la serenidad de los datos y las cifras la demencial e insoportable realidad de la mujer en el mundo.

Empezó su charla con una referencia a las recientes elecciones generales, criticando la ausencia de un mensaje feminista con pies y cabeza en los programas de las formaciones supuestamente situadas en la izquierda del espectro político, “más preocupadas por las focas que por las mujeres”, según afirmó en un ramalazo combativo. Mencionó a Izquierda Unida y a Equo, recordando con el ejemplo antecitado que en esos partidos se antepone el ecologismo al feminismo, partidos que a mi juicio deberían ubicarse en el espectro de centro-izquierda, pero entiendo que bastante dividida está la izquierda como para que me empeñe aquí y ahora en incidir en estas cuestiones. Tras esa fugaz referencia, se puso manos a la obra e hizo un repaso a la realidad de la mujer, advirtiendo que casi todo lo denunciado ahora ya lo denunciaba hace 30 años en uno de sus ensayos más célebres, “La razón feminista”. Subrayó de buenas a primeras que en términos generales se ha perdido el debate sobre la opresión económica que padecen las mujeres, que es la verdadera opresión, sin contar con las opresiones que calificó de súper estructurales, como la ley, la religión, etc… Para ilustrarlo mencionó algunas cifras comparativas: en 1985, el trabajo de las mujeres en el mundo representaba dos tercios del trabajo global pero en cambio recibían el 10% de los salarios y disponían del 1% de las propiedades. Años más tarde (creo que dijo 1997) sólo una de esas cifras había cambiado: habían pasado a ganar el 7% de los salarios.

Siguió con las pilas bien cargadas: el trabajo femenino está ausente de consideraciones y estadísticas, lo que lleva indefectiblemente a la invisibilidad de las mujeres. Así, la explotación de éstas es mayor ahora que hace 30 años. Por otro lado, hoy en día hay unos 800 millones de mujeres explotadas sexualmente en el mundo, lo que llevó a la ponente a una de sus ideas más controvertidas y que está en el centro de su denuncia: la de los hijos concebidos como producto. Salta aquí la orientación marxista del discurso de Lidia Falcón, que gira sobre un eje perfectamente identificable. El sistema, el capitalismo, necesita mano de obra para perpetuarse, para seguir con su rueda inmisericorde, y el primer producto, la primera necesidad del sistema, antes que las máquinas, antes que las fábricas, es la producción de niños. Sin niños, sin nacimientos, el sistema temblaría, no encontraría la mano de obra necesaria para su consolidación y supervivencia, de modo que la mujer, ya desde los albores del capitalismo, ha sido considerada como productora de niños. No es algo que haya nacido con dicho sistema, ni mucho menos, pero sí que podemos hablar de una estandarización, de una especie de consagración oficiosa de la mujer como fábrica de la materia prima fundamental del engranaje capitalista. Los hijos, al ser considerados como un producto, el precio a pagar por las mujeres es el de no vivir, o el de vivir esclavizadas. Es por eso que el control de la natalidad se ha considerado como uno de los objetivos prioritarios del movimiento feminista mundial desde el s.XIX, y es por eso que el feminismo radical ve como una necesidad, como un sueño, la llegada de los bebés probeta, pero de probeta de verdad. Ahí está la principal polémica. ¿Rechaza la maternidad y el embarazo por ser incompatibles con la realidad capitalista o estamos ante una crítica que va más allá de la coyuntura sistémica? Me faltó arrojo para preguntarle eso en el turno de réplicas, lo reconozco, y supongo que debería bucear en su extensa producción ensayística para encontrar una respuesta.

Hay que pensar, siguiendo con los datos y las cifras iniciales, que el tráfico de mujeres para la explotación sexual ha superado en términos económicos al tráfico de drogas y que sólo está por detrás del tráfico de armas. No hay mayores negocios en el mundo. Curiosamente, esto no se relaciona en el discurso oficial con la opresión de las mujeres. En España, sin ir más lejos, la riqueza pertenece en un 80% a los hombres y sólo el 20% para las mujeres. La organización económica del país bascula sobre la necesidad de que las mujeres estén explotadas, en el trabajo, en el hogar, económicamente en definitiva. La estructura económica social está basada en el trabajo doméstico (de la mujer, claro). Escuchando a Lidia Falcón hablar de esto no podía menos que estar de acuerdo, y sólo hay que observar la realidad cotidiana para entenderlo, por mucho que pretendamos escudarnos en nuestra presuntamente igualitaria y progresista realidad individual, utilizándola para escabullirnos, para no sentirnos reflejados.

Su repaso le llevó a rememorar los inicios y los primeros éxitos de la lucha del movimiento feminista en España, en los albores de la “democracia” (las comillas son mías). Recordó cuánto costó en su momento que el artículo 14 de la Constitución fuera incluido en su articulado (“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”) y eso que ahora parece algo evidente y se nos antoja absurdo que algo así pudiera ser motivo de debate hace tan solo tres décadas. Lidia Falcón reconoció que en todos estos años se ha conseguido cambiar en España la estructura jurídica, lo que en absoluto se ha hecho notar en la realidad. Su durísima crítica a la ley de igualdad quedó patente en una serie de datos demoledores y, curiosamente, conocidos por todos: en lo que va de año, sin ir más lejos, han sido asesinadas 60 mujeres, hay 2 millones de maltratadas de forma sistemática y miles (no hay estadísticas fiables) de violadas. Curiosamente, si las mujeres asesinadas no son pareja legítima no cuentan como muertas por violencia de género, lo que seguramente deja a las cifras oficiales en un mero esbozo de dicho terror. En este punto aportó una reflexión que me gustó especialmente porque forma parte de mi argumentario habitual: en los últimos años (no sé si dijo 7 u 8) han sido asesinadas unas 500 mujeres (vamos a un ritmo constante de alrededor de 70 asesinatos al año). Si antes de la reciente campaña electoral ETA hubiese matado a alguien, no se habría hablado de otra cosa. A este comentario de Lidia Falcón me gustaría añadir aquí que en la última década sólo recuerdo 4 asesinatos de ETA, los dos de la terminal T4 del aeropuerto de Barajas y aquellos dos Guardias civiles asesinados tras un encuentro fortuito en territorio francés, mientras podemos hablar de entre 700 y 800 mujeres asesinadas. En la última década hay más víctimas por violencia de género que asesinatos de ETA en toda su historia. Conocer estos datos, sugeridos por la ponente, debería hacernos reflexionar en el país en el que nos hemos convertido, deberíamos reflexionar sobre el discurso monotemático, interesado e hipócrita de los políticos y de los medios de comunicación que les sirven de altavoces, lo que se ha venido reflejando hasta hace muy poco en las encuestas de opinión de la ciudadanía, donde el terrorismo de ETA siempre aparecía como el principal o uno de los principales problemas y preocupaciones. Así funciona la alienación de una sociedad entera, no cabe duda, y celebro que Lidia Falcón lo tenga presente y lo haya recordado, porque a veces me siento muy solo defendiendo este tipo de planteamientos.

La siguiente denuncia de Lidia Falcón iba dirigida a la academia, a la universidad, de donde ha desaparecido el feminismo, donde no se imparten asignaturas relacionadas con dicha materia, lo que es sintomático del estado de la cuestión en el país. En el turno de preguntas intervino una mujer de la Universidad de la Laguna matizando dicha idea y hablando desde su experiencia académica, afirmando que se habían hecho y se hacían estudios y trabajos, solo que permanecían ocultos, silenciados, pero que algo se había hecho en estos años. Según Lidia Falcón hemos vuelto a un análisis idealista de la explotación de la mujer, como cuando se afirma, cada vez con mayor énfasis, que las mujeres prefieren cuidar hijos antes que ponerse a trabajar. No faltó una referencia al infausto panorama publicitario y mediático, que alimenta estereotipos que debieran estar más que superados.

Ya en el turno de réplicas, regresó a las cifras a nivel internacional para recordar que en países como India, Camboya o China faltan 100 millones de mujeres, asesinadas en muchos casos nada más nacer porque no son rentables para sus familias, que prefieren varones. Esto podría contradecirse con la necesidad del capitalismo de que las mujeres produzcan criaturas, pero entiendo que ambas “necesidades” son compatibles en entornos donde la figura del hijo varón resulta poco menos que imprescindible en términos económicos. Por otro lado, recordó que el 50% de los niños menores de 5 años en África no llegarán a esa edad.

Aún tuvo tiempo la ponente de añadir más perlas a su charla, como la respuesta a la referencia de una réplica sobre el papel de las madres como agentes transmisores de la ideología dominante (el patriarcado), a lo que Lidia Falcón defendió que la víctima nunca puede ser considerada como culpable y que, si pretende rebelarse, podría tener problemas serios (que la maltraten, que la castiguen o que incluso la maten), lo que explicaba que persista esa dinámica de transmisión tan dañina. Aquí habría espacio para la matización pues, si la madre es víctima y no puede ser considerada como culpable, ¿no podemos decir lo mismo de los niños varones, futuros padres ejecutores de la dinámica patriarcal? Quizás, entiendo, para el varón sea más fácil romper con ciertas dinámicas sin miedo a la represalia, pero está claro que no son los varones los que suelen tratar de romperlas, sino las mujeres, jugándose en no pocas ocasiones la vida. A continuación, hablando sobre el eterno conflicto de género y las dinámicas del machismo, Lidia Falcón soltó una de esas perlas que tradicionalmente le han granjeado desprecios y enemistades. Dijo literalmente, como colofón a una reflexión que no recuerdo y con un tono algo jocoso que “los hombres se vuelven muy feministas cuando les gritas”. Ésa fue la frase exacta que, como he ido sabiendo, hizo brotar algunas ampollas entre la concurrencia. Personalmente, me hizo reír y me la tomé a broma, incluso siendo consciente que en algún caso pueda ser cierto aunque no me parezca ni siquiera un argumento con el que se pueda generalizar.

Precisamente un amigo ha reflexionado en su blog sobre la charla de Lidia Falcón y en los comentarios he mostrado mi desacuerdo con lo que dice, no tanto con su lectura de lo sucedido como con la impresión o el espíritu que de la misma ha extraído. Para explicar mi desacuerdo me centraré en lo que yo extraje. Soy consciente de la radicalidad que en algunos momentos se muestra o aparece en el mensaje de Lidia Falcón, que a veces puede importunar con sus puyas, pero el fondo del mismo, el núcleo de lo que defiende, no es en absoluto radical. Considero arriesgado y errado centrarse en posibles exabruptos o en puntuales excesos que puedan salpicar su discurso. El fondo del mismo, perfectamente elaborado y con datos y cifras generalmente obtenidas de organismos nada radicales como la ONU, debería bastar para compartirlo. El panorama de las mujeres en el mundo, España incluida, es demasiado trágico, demasiado negativo como para que nos enfademos por alguna broma, aunque consideremos con más o menos razón que es exagerada o que está fuera de lugar. Creo que en ocasiones tenemos la piel demasiado fina y que nos ofendemos por cuestiones inocuas o que son claramente inocuas cuando las situamos sin complejos en el contexto del que proceden. Vaya, que a veces el árbol no deja ver el bosque y eso hace que nos cerremos en banda innecesariamente. Ante las reacciones que se centran en lo inocuo, por erróneo, equivocado o poco inocuo que sea, y minimizan o ignoran lo fundamental me siento como ante la dinámica de un país que es capaz de situar a ETA como el mayor de todos los males del universo mientras que pasa de puntillas y sin darle la importancia debida a la crónica negra de los asesinatos, los maltratos, los abusos y las violaciones sistemáticas de mujeres en este país, y ya no hablemos de muchos otros. ETA no es nada al lado de esto, es menos que nada, es una anécdota, un mal insignificante en términos globales y comparando con aquello que en absoluto lo es. ETA no me preocupa más allá de lo que me preocupan tantísimos crímenes puntuales, localizados, contados con los dedos de una mano, insisto, al lado de los crímenes constantes y numerosísimos que sufren las mujeres por una dinámica que en absoluto es coyuntural como lo es (y casi se puede decir a estas alturas que “ha sido”) la dinámica criminal y asesina de ETA. Una frase donde se mofa de los hombres, una frase como la anteriormente referida, no puede ocultar la cruda realidad de un discurso absolutamente demoledor, y máxime teniendo en cuenta que cada día escuchamos salidas de tono verbales claramente machistas que en absoluto nublan nuestra perspectiva y que, en no pocas ocasiones, dibujan una sonrisa en nuestra cara. No pocos entre nuestros políticos, al menos entre los que gozan de representación en los distintos parlamentos, suelen hacer mofa de las mujeres. Ojalá asumieran desde sus poltronas una mínima parte del discurso de personas como Lidia Falcón. Quedémonos con lo sustancial y no demos tanta importancia a lo anecdótico, que no tiene por qué ser ocultado, vale, pero que tampoco creo que merezca ocupar el centro del debate y hacer el juego o alimentar improductivos menosprecios cuando no descaradas enmiendas a la totalidad de discursos objetivamente necesarios.

Antes de la despedida, la ponente habló de la perversión de los términos, como el de igualdad y postuló al feminismo como superación de las ideologías de emancipación clásicas, como el anarquismo o el comunismo. También habría debate aquí. Tras la fachada de una mujer curtida en mil batallas, que se crece en el cara a cara como se vio en el turno de réplicas, se esconde una realidad sociológica, antropológica, jurídica e incluso filosófica de primer orden. Puede que junto al hambre y el desastre ecológico creciente, y de hecho son dramas que van de la mano, el estado de la mujer sería el mayor problema de la humanidad. Que no nos pille a contrapié, por favor.

Labels: , , , ,

Sunday, May 09, 2010

Niños, besen el anillo


El País y El Mundo: lo que interesa a sus lectores


No fallan...

Labels: , ,

Thursday, April 22, 2010

Saludemos al fallecido

Tuesday, April 13, 2010

Ni una palabra de la absolución de Egunkaria en la AN



Sólo en el País han dedicado una editorial y un vídeo, pero escondidos, bien abajo.


Labels: ,

Friday, October 09, 2009

Tele-Camps


Thursday, January 15, 2009

A dónde llegan los debates



Thursday, October 30, 2008

El gasto militar de algunos países en 2006

Veamos el mismo gráfico sin la distorsionadora presencia de EEUU:


En cuanto al % del PIB gastado Israel supera claramente a los EEUU. Faltaría más, teniendo en cuenta el tremendo PIB estadounidense. Irán, por otro lado, gasta mucho en relación a su PIB. De Venezuela, con la famosa carrera armamentística de Hugo Chávez, mejor no decir nada, ¿verdad?